Glaucoma, la ceguera silenciosa

El glaucoma está relacionado con la presión intraocular, que es la ejercida por el humor acuoso, un líquido que se encuentra en la parte anterior del ojo. El humor acuoso se produce detrás del iris, renovándose 12 veces al día y sirve para nutrir la córnea y el cristalino. Se drena a través de la malla trabecular, una estructura porosa que también está localizada en el segmento anterior del ojo.

En un ojo sano, la presión intraocular se mantiene estable gracias a que el humor acuoso se evacua en igual proporción a su producción. Si se produce alguna alteración en el drenaje del humor acuoso, puede aumentar la presión intraocular y producir daño en el nervio óptico, dando lugar al glaucoma.

La consecuencia más grave del glaucoma es la pérdida progresiva de campo visual, es decir, se pierde la capacidad de ver todas las parcelas que conforman nuestra visión panorámica hasta afectar, incluso, y en su fase más avanzada, a la visión central. Entonces, el daño a las fibras del nervio óptico es irreversible y la ceguera la consecuencia final, si no se trata a tiempo. Recordemos que el glaucoma es la segunda causa de ceguera a nivel mundial.

Por todo esto es fundamental un diagnóstico y tratamiento en fases iniciales, cuando el paciente no tiene síntomas, pudiendo ser detectado si se realizan consultas de cribado o revisiones, recomendadas a partir de los 40 años. En ellas se mide la presión intraocular y se evalúa el nervio óptico mediante examen de fondo de ojo, complementando estas exploraciones con pruebas de diagnóstico por imagen para evaluar las fibras del nervio y con la valoración del campo visual mediante campimetría en casos de sospecha.

Son factores predisponentes del glaucoma una presión intraocular alta, edad avanzada, antecedentes familiares, raza africana o latina, la diabetes tipo 2, miopía o una tensión arterial baja.

Existen varios tipos de glaucoma, con diferencias geográficas, siendo el más frecuente el denominado glaucoma de ángulo abierto. En Galicia es muy frecuente el glaucoma pseudoexfoliativo, como en los países escandinavos. El curso de este tipo de glaucoma es más agresivo y resulta más difícil de controlar, aunque ninguno de los dos viene acompañado de dolor. Otro tipo de glaucoma es el de ángulo cerrado, en el que, por las dimensiones especialmente reducidas del segmento anterior del ojo, el ángulo de la cámara anterior -en el que se localiza la malla trabecular- es muy estrecho y puede cerrarse. Esto da lugar a un incremento paulatino, o a veces agudo, de la presión intraocular, pudiendo causar intenso dolor desde su inicio

El tratamiento del glaucoma puede ser farmacológico, con láser, o quirúrgico, en caso de que no tenga éxito el primero.

Por tanto, el glaucoma requiere un diagnóstico y tratamiento precoz y seguimiento adecuado, así como cumplimiento estricto de los tratamientos y revisiones periódicas por parte del paciente.

 

Este artículo fue publicado en el diario La Voz de Galicia el pasado 22 de febrero, en sus páginas de opinión.  Pincha aquí si deseas leerlo en la edición del periódico

 

 

 

 

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